personaje fascinado frente a la laptop a las 3 a. m. con una torre de tazas de café Shorts

Adictos a lo posible

La IA prometió devolvernos tiempo. ¿Por qué sentimos entonces que trabajamos más que nunca?

Por Asdrúbal Chirinos

Hace unos días circuló un fragmento de una entrevista a Guillermo Rauch, CEO de Vercel. Rauch decía que uno pensaría que, con la IA, todos trabajamos ahora dos horas a la semana, pero que está pasando lo contrario: a él le llegan mensajes a medianoche de CEOs y CTOs de las empresas con las que trabaja, que siguen construyendo y lanzando cosas a esas horas.

@AsdrubalCodes lo resumió con una frase que entiendo perfectamente: «A mí nadie me va a convencer de que esto es sano».

Nos prometieron que la IA nos devolvería tiempo. Íbamos a trabajar menos.

Pasó lo contrario.


Sin embargo, creo que no todas esas horas no son trabajo, algunas, son de “pura fiebre”.

Hoy podemos convertir ideas en prototipos en minutos. Un script, una aplicación, esa idea que llevaba años guardada en un cajón. Y cuando tanto se vuelve posible, cuesta parar.

Una prueba más.

Un agente más.

Un proyecto más.

Lo sé porque me pasa. Hay noches en las que me doy cuenta de que llevo horas probando algo que nadie me pidió, solo porque ahora es posible. Lo disfruto, pero no lo confundo con estar trabajando.

Quizás la IA sí nos está devolviendo tiempo. Solo que lo usamos para hacer cosas que antes ni nos habríamos planteado.

No necesariamente estamos trabajando más. Estamos haciendo más cosas.


Ahora, hay que separar dos situaciones que desde afuera pueden parecer idénticas.

Una es el entusiasmo que nos mantiene despiertos porque queremos. Nadie nos obliga. Es un juguete nuevo y nos cuesta soltarlo.

La otra es la presión del jefe, de los objetivos o de la competencia. El mensaje a medianoche. La sensación de que, si bajamos el ritmo, alguien nos pasará por encima.

La novedad se va a desgastar, como con toda tecnología. La presión, en cambio, no.

Ahí está el verdadero riesgo: que las empresas confundan el entusiasmo de quienes no quieren parar con la disponibilidad permanente de quienes sienten que no pueden hacerlo.

Una cosa es no querer parar. Y otra muy distinta es sentir que no podemos hacerlo.

Y tú, esta semana, ¿cuántas de tus horas extra fueron realmente trabajo y cuántas fueron por el puro gusto de experimentar?