Cuando el talento no basta: alineación, cultura y pertenencia
Hacer bien tu trabajo no siempre es suficiente. Personas y empresas solo florecen cuando hay alineación de valores, cultura y propósito. Una reflexión sobre pertenencia y trabajo.
Hay una decepción laboral difícil de aceptar porque rompe una promesa muy instalada: la idea de que si haces bien tu trabajo, te esfuerzas, te comprometes y amas lo que haces, las cosas deberían salir bien. No perfectas, pero al menos justas. Sin embargo, muchos hemos vivido lo contrario. Cumples, aportas, te involucras y aun así algo no encaja. No avanzas. No perteneces.
Hace poco leí un tweet de @MalditaSummer que ponía palabras a esa sensación. No lo leí desde la polémica ni desde el desacuerdo, sino desde el reconocimiento. Ahí había cansancio real. El cansancio de descubrir que el esfuerzo, por sí solo, no siempre alcanza.
Ese mensaje no me hizo pensar solo en ella. Me obligó a mirarme a mí mismo. A revisar no solo mis experiencias como profesional, sino también mis decisiones como líder, como alguien que ha contratado personas y construido equipos. Y ahí apareció una verdad incómoda.
Mea culpa: el “carrito de supermercado” de la contratación
Durante años contraté como muchos lo hacen.
Busco desarrollador WordPress con cinco años de experiencia. PHP, HTML, CSS. Deseable JavaScript.
Una lista clara. Ordenada. Defendible.
Y profundamente incompleta.
Ese enfoque describe muy bien el qué necesito, pero no dice absolutamente nada sobre quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos o qué tipo de personas pueden realmente sentirse parte de este proyecto. El resultado suele ser predecible: candidatos de sobra, talento real y, con el tiempo, fricción, desgaste y desconexión.
No porque esas personas fueran malas.
Sino porque nunca nos preguntamos si realmente existía alineación.
El error de fondo: confundir habilidad con encaje
Uno de los grandes malentendidos del mundo laboral es asumir que el talento técnico garantiza el encaje. No es así.
Se puede ser excelente en lo que se hace y aun así no existir alineación con una organización. No por falta de capacidad, sino por diferencias más profundas: valores, creencias, forma de entender el trabajo y el propósito que se persigue.
Cuando esa alineación no existe, el problema no es el desempeño. Es la ausencia de pertenencia.
Un ejemplo ayuda a entenderlo mejor. El mejor desarrollador de Apple podría fracasar dentro de Microsoft. Y el mejor de Microsoft podría sentirse completamente fuera de lugar en Apple. No porque uno sea mejor que el otro, sino porque las culturas son distintas. Las decisiones, los ritmos, las obsesiones y las prioridades no son las mismas.
El problema no es el talento. El problema es intentar forzar pertenencia donde no hay alineación cultural.
El Por Qué no es un eslogan, es un filtro
Start With Why lo plantea con claridad: las organizaciones sólidas no empiezan por lo que hacen ni por cómo lo hacen, sino por por qué existen.
El error común es tratar el propósito como un adorno. Una frase bonita en la web o una diapositiva en una presentación corporativa. El Por Qué real no vive en el marketing, vive en las decisiones cotidianas. En qué se prioriza, qué se tolera, qué se celebra y qué se descarta.
Cuando una empresa contrata solo por habilidades, está diciendo sin querer que importa más lo que sabes hacer que lo que crees. Y eso, tarde o temprano, pasa factura.
Las habilidades se pueden entrenar.
La alineación profunda, no.
Volviendo a la decepción que detonó esta reflexión
La historia que cuenta @MalditaSummer duele porque es reconocible. Hacer bien las cosas y aun así sentirse fuera. Cumplir, esforzarse, involucrarse y descubrir que nada de eso alcanza.
No la conozco. Tampoco conozco a la empresa. Quizás su jefe sí sea un bastardo. Es posible.
Pero incluso dejando eso de lado, hay algo más que vale la pena nombrar.
A veces el problema no es la persona.
A veces no es la empresa.
A veces, simplemente, no hay alineación.
Las mismas habilidades, la misma pasión y la misma ética pueden ser profundamente valoradas en otro entorno, con otra cultura y otro propósito. Reconocer eso no borra el dolor, pero sí cambia la lectura. Y, sobre todo, cambia las decisiones futuras.
Un mensaje incómodo para las empresas
Como empresas, no podemos seguir contratando con listas de supermercado. No podemos reducir a las personas a un conjunto de skills esperando que la cultura se acomode sola.
Contratar desde el Por Qué implica ser más honestos y más valientes:
- Decir en qué creemos.
- Explicar qué valoramos.
- Mostrar cómo tomamos decisiones.
- Aclarar qué tipo de personas van a disfrutar estar aquí y cuáles no.
Eso puede reducir el número de candidatos.
Pero aumenta enormemente la probabilidad de construir equipos con verdadera pertenencia.
Y un mensaje necesario para las personas
No todo lugar es para ti. Y eso no es un fracaso.
No encajar no te hace menos competente, menos profesional o menos valioso. A veces solo significa que estás intentando pertenecer a una cultura que no está alineada con tus valores y tu forma de ver el trabajo.
Elegir dónde trabajar también es una decisión de propósito y de coherencia personal, no solo técnica o económica.
El rendimiento sostenido no se impone. Se cultiva desde la pertenencia.
Cuando existe alineación entre personas y organizaciones, el talento deja de ser una lucha constante y se convierte en una consecuencia natural.
Muchas decepciones laborales no hablan de falta de capacidad, sino de haber intentado pertenecer a un lugar donde nunca hubo verdadera alineación.
Compartir:
¿Te gustó este artículo? Apoya este blog y ayuda a que siga creciendo.
Invítame un café