Cuando la IA pasee al perro
Una reflexión sobre delegación, control y el valor del desarrollador en la era de la IA.
En los últimos meses he visto muchas historias sobre cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma en que desarrollamos software.
Algunas son fascinantes.
Otras son preocupantes.
Hace poco vi un tweet que resume perfectamente ambas cosas al mismo tiempo:
“Mis jornadas laborales ahora son algo tipo: tengo que hacer un cambio en una app o agregar una función, le digo a la IA que lo haga, me voy a pasear al perro, vuelvo, reviso lo que la IA hizo, hago correcciones si es necesario, mando a producción. Y repito el ciclo. 😎”
Lo que más me sorprendió no fue la anécdota. Fue el orden de las ideas.
Primero delegar a la IA.
Luego ir a pasear al perro.
Después revisar, “si es necesario”.
Ese orden dice mucho.
La IA como herramienta
La inteligencia artificial es una herramienta fantástica. Bien utilizada puede mejorar enormemente la gestión de código, acelerar tareas repetitivas y permitir que los desarrolladores nos enfoquemos en problemas de mayor valor. No hay duda de que está transformando la forma en que trabajamos.
Pero en el ejemplo del tweet parece haber ocurrido algo diferente.
No parece que la IA lo haya convertido en un mejor desarrollador.
Parece haberlo convertido en un mejor paseador de perros.
Delegar no es desaparecer
Tal vez el tweet fue escrito en tono humorístico. Eso espero. Pero también refleja algo que veo cada vez con más frecuencia: desarrolladores que no están delegando tareas a la IA, sino que están empezando a desplazarse a sí mismos del proceso.
Y esa diferencia es fundamental.
Delegar implica control.
Responsabilidad.
Criterio.
Sin control, no hay delegación.
La pregunta incómoda
Si tu rol en el ciclo de desarrollo se limita a revisar rápidamente lo que produjo la IA y hacer correcciones “si es necesario”, entonces hay una pregunta inevitable:
¿Cuál es exactamente el valor que estás aportando?
El desarrollo de software no consiste únicamente en producir líneas de código. Consiste en entender problemas, tomar decisiones de arquitectura, evaluar trade-offs, anticipar riesgos y diseñar soluciones sostenibles.
La IA puede ayudarte a ejecutar esas decisiones más rápido.
Pero no puede reemplazar la responsabilidad de tomarlas.
Aumento de capacidades
Cuando un desarrollador delega correctamente en herramientas de IA, el resultado debería ser claro: más velocidad, mejor diseño, mayor calidad o mayor capacidad para resolver problemas complejos.
Eso es aumento de capacidades.
Pero cuando la narrativa se reduce a “le pedí a la IA que lo hiciera mientras yo paseaba al perro”, el beneficio visible no es mejor software.
Es más tiempo para pasear al perro.
El verdadero riesgo
Y ahí es donde aparece el verdadero problema.
No es que la IA esté desplazando a los desarrolladores.
Es que algunos desarrolladores están empezando a desplazarse a sí mismos.
La pregunta importante no es si usamos IA para escribir código.
La pregunta importante es qué valor estamos aportando al proceso ahora que la tenemos.
Porque si la única diferencia en tu flujo de trabajo es que ahora tienes más tiempo para pasear al perro, entonces la IA no está ampliando tu capacidad como desarrollador.
Simplemente está revelando que ya no estabas en el centro del proceso.
Y seamos honestos.
Al ritmo que vamos, pronto la IA también estará paseando al perro.
Entonces la pregunta no será quién escribe el código.
La pregunta será qué estamos haciendo nosotros.
Nota:
No tengo nada contra los perros o sus paseadores. :)
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