De Legos a Código: El Arte de Construir Ideas
9 de septiembre de 2024

De Legos a Código: El Arte de Construir Ideas

Cómo mi pasión por los Legos en la infancia me preparó para el mundo de la programación.

Por Asdrúbal Chirinos

Desde muy pequeño, los Legos se convirtieron en mi juguete favorito. No me limitaba a seguir las instrucciones del manual; para mí, la verdadera magia estaba en crear algo nuevo. Tomaba las piezas y, partiendo de una idea en mi cabeza, construía mis propias creaciones.

El descubrimiento de la programación

Más tarde, cuando descubrí la programación, me di cuenta de que había una conexión muy profunda entre esas dos pasiones. El código, al igual que los Legos, me ofrecía un conjunto de piezas—en este caso, instrucciones—con las que podía construir lo que imaginara. Solo que ahora, en lugar de bloques de plástico, tenía bucles, variables y funciones que me permitían darle vida a mis ideas.

Tenía apenas 9 años cuando tomé mi primer curso de computación. Recuerdo el momento exacto en que un sencillo bucle for y una instrucción print lograron que mi nombre apareciera repetido 10 veces en la pantalla. Quedé fascinado. Fue como si, de repente, las líneas de código me dieran el mismo poder creativo que sentía con los Legos. Pero ahora, la pantalla era mi nuevo espacio de juego, y las posibilidades eran infinitas.

Mis primeros pasos en programación

La experiencia que había ganado al seguir las instrucciones de los manuales de Lego también me ayudó en mis primeros pasos como programador. Aprender a seguir las reglas y los pasos de otro, ya sea en un manual o en un fragmento de código, es fundamental para construir una base sólida.

Recuerdo que muchas de mis primeras incursiones en la programación provenían de ejemplos de la revista Basic. Al seguir esos códigos línea por línea, veía cómo simples instrucciones se transformaban en pequeños programas que podía utilizar. Mi primer programa “propio” fue una modificación de uno de estos ejemplos: un simple juego de adivinanza de números al que le añadí un contador de intentos y un mensaje personalizado al final. Esa sensación de lograr algo funcional me motivaba a seguir aprendiendo.

El verdadero poder de los bloques y el código

Sin embargo, al igual que con los Legos, lo que más me emocionaba no era solo seguir el manual, sino aprender a construir algo propio. Cada bloque de código que entendía me daba la capacidad de modificar, adaptar y, finalmente, crear algo nuevo. Pasar de seguir instrucciones a desarrollar mis propios programas fue un proceso tan natural como el de construir una figura con Lego siguiendo un manual, para luego diseñar mis propias estructuras.

Al final, tanto con los Legos como con la programación, lo que realmente me movía era el poder de creación: la capacidad de tomar piezas pequeñas y aparentemente desconectadas, y ensamblarlas en algo que funcionara, que tuviera sentido, que solucionara un problema o que simplemente me hiciera sentir orgulloso de haberlo construido.

De la pasión infantil a la carrera profesional

Es fascinante cómo esa pasión que comenzó con juguetes me llevó a un camino profesional. La programación, al igual que los Legos, no es solo una cuestión de seguir reglas, sino de explorar, crear y, sobre todo, disfrutar el proceso de construir algo desde cero. Las habilidades que desarrollé jugando con Legos—paciencia, resolución de problemas, pensamiento espacial y creatividad—se trasladaron directamente a mi carrera como programador, formando la base de mi enfoque para resolver problemas complejos y diseñar sistemas eficientes.

Como dijo una vez Ole Kirk Christiansen, el fundador de Lego:

“Sólo lo mejor es suficiente” (Only the best is good enough)

Esta filosofía, que aprendí construyendo con Legos, se ha convertido en mi ética de trabajo en la programación, impulsándome a buscar siempre la excelencia en cada línea de código que escribo.


Les animo entonces a mirar hacia atrás, a sus pasiones de la infancia. Puede que encuentren, como yo, que esos juegos y pasatiempos aparentemente simples contenían las semillas de sus futuras carreras y pasiones. Nunca subestimen el poder de jugar y crear; podría estar moldeando su futuro de maneras que aún no pueden imaginar.

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