Del Flyer a la AGI
LRMs y los hermanos Wright: más cerca de lo que crees

Imagen creada por IA: ChatGPT
En un reciente estudio, investigadores de Apple analizan los Large Reasoning Models (LRMs) una evolución de los grandes modelos de lenguaje que no solo dan respuestas, sino que generan procesos de razonamiento explícitos. El estudio es riguroso y revelador: los LRMs colapsan ante tareas de alta complejidad, muestran patrones de razonamiento inconsistentes, y revelan que más “pensamiento” computacional no siempre equivale a mejores respuestas.
La crítica es válida. Pero al leer el trabajo, no puedo evitar una comparación histórica inevitable: el primer vuelo de los hermanos Wright.
El avión también colapsaba
El 17 de diciembre de 1903, el “Flyer I” voló por apenas 12 segundos, recorriendo 36 metros. Si los investigadores de Apple hubieran estado allí, tomando notas, tal vez hubieran concluido:
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“El vuelo no es estable.”
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“El rendimiento colapsa con ráfagas de viento moderadas.”
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“La estructura no escala para transportar más peso.”
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“No hay un control robusto de altitud ni navegación.”
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“Claramente, el avión no puede competir con el ferrocarril.”
Y habrían tenido razón.
Pero también hubieran estado profundamente equivocados en lo más importante: en subestimar el momento histórico que estaban presenciando. Porque lo que los hermanos Wright lograron no fue un avión perfecto. Fue algo más audaz: demostrar que volar era posible.
Estamos en los primeros segundos del vuelo
Lo mismo ocurre hoy con los LRMs y con todo el campo de la inteligencia artificial generativa. Estos modelos no razonan como humanos, sus trazas lógicas son inconsistentes, y su capacidad se colapsa ante la verdadera complejidad. Pero están volando. Y ese vuelo, aunque inestable, es real.
Sí, la AGI sigue siendo una promesa lejana. Pero pretender que su progreso se mide únicamente por la precisión final o la coherencia de sus razonamientos es olvidar cómo nacen las revoluciones: tambaleantes, frágiles, improbables.
Evaluar las primeras formas de una nueva tecnología con las exigencias de su madurez es un error tan común como peligroso. No se trata de negar las limitaciones de los modelos actuales, sino de verlas por lo que son: evidencia de que ya despegamos.
Y ahora que estamos en el aire, la pregunta no es si volaremos mejor. La pregunta es cuánto más lejos podremos llegar.

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