Desarrolladores: aún seguimos acá
31 de diciembre de 2025

Desarrolladores: aún seguimos acá

Reducir el impacto de la IA a si los desarrolladores desaparecen o no es un error que empobrece la conversación y oculta la verdadera transformación del rol.

Por Asdrúbal Chirinos

Reducir la conversación sobre el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo de software a un simple “¿desaparecen o no desaparecen los desarrolladores?” no solo es simplista, también es profundamente empobrecedor.

Comentarios como “¿viste? los desarrolladores no desaparecieron en 2025” no prueban absolutamente nada. Lo único que evidencian es un desconocimiento serio sobre la transformación real que ya se está viviendo en la industria.

Porque nadie con un mínimo entendimiento tecnológico planteó esto como un interruptor mágico que, al activarse, hace desaparecer a toda una profesión de la noche a la mañana.

Ese marco mental es el verdadero problema.


El falso dilema del blanco o negro

La historia tecnológica rara vez funciona en términos binarios. Las profesiones no desaparecen por arte de magia. Se transforman, se redefinen, se fragmentan, se especializan o se contraen.

La llegada de la IA, los LLMs y los agentes de código no está “llamando a desaparecer” a los desarrolladores. Está forzando un cambio profundo en el rol, en las tareas, en el valor que se aporta y en la forma en que se construye software.

Pensarlo como un “sí o no” es no entender cómo evolucionan las industrias.


No todos somos iguales

Otro error frecuente es hablar de “los desarrolladores” como si fueran un bloque homogéneo.

No lo somos.

Hay quienes trabajan a muy bajo nivel, cerca del hardware, desarrollando sistemas operativos, firmware o drivers. Otros construyen sistemas, plataformas o herramientas de línea de comandos. Muchos desarrollan aplicaciones usando frameworks y lenguajes de propósito general. Otros se enfocan en producto, integraciones, automatización o experiencia de usuario.

Las tareas, los contextos y los niveles de abstracción son radicalmente distintos.

Y por lo tanto, el impacto de esta transformación no será igual para todos. A algunos les afectará poco. A otros, muchísimo. Negar eso es ingenuo.


El surgimiento de los Solvers

Aquí aparece algo realmente nuevo.

Está naciendo una nueva clase de “desarrolladores” que no encajan en la definición tradicional. Personas que no quieren aprender lenguajes, ni frameworks, ni patrones de arquitectura. No les interesa escribir código por sí mismo.

Lo que quieren es resolver problemas personales o muy específicos.

Interactúan con la IA de forma directa, conversacional e iterativa. Construyen soluciones sin identificarse como programadores. A estos perfiles los llamo Solvers.

Esto no reemplaza a los desarrolladores tradicionales, pero sí cambia el mapa. Amplía quién puede crear software y para qué.

Y eso es un cambio estructural, no un eslogan para redes sociales.


La transformación ya está en marcha

Aquí no hay debate.

La gran mayoría de los desarrolladores ya usamos IA de alguna forma. Algunos dirán que les funciona mejor, otros peor. Algunos la integran profundamente, otros de forma puntual.

Pero el hecho es uno solo: el cambio ya ocurrió.

Nunca antes en la industria habíamos visto una adopción tan masiva, tan transversal y tan rápida de nuevas herramientas. Eso, por sí solo, ya implica una transformación profunda del rol.

Negarlo porque “no desaparecimos en 2025” es perder completamente el foco.


El punto incómodo

Ahora bien, hay algo que sí debemos decir con claridad, aunque incomode.

A la medida que estas herramientas aumenten la productividad, también afectarán la demanda de desarrolladores.

Tal vez en equipos pequeños de dos o tres personas no se note. Pero en organizaciones grandes, con decenas o cientos de desarrolladores, un aumento sostenido de productividad del 20 o 25 por ciento tiene consecuencias reales.

Aquí suele aparecer el argumento optimista: “si producimos más, habrá más cosas por construir”.

No necesariamente.

Las empresas tienen un techo real de necesidades de software. No es infinito. Si la productividad crece más rápido que ese techo, eventualmente habrá más capacidad que demanda.

Esto ya ha pasado antes, en otras revoluciones tecnológicas y en otros sectores. Y volverá a pasar.

No es exclusivo del desarrollo de software. Ocurrirá en cualquier área que la inteligencia artificial, la automatización o la robótica toquen con fuerza.


El verdadero debate

La pregunta no es si los desarrolladores desaparecen o no.

La pregunta es:

  • Qué roles se transforman
  • Qué habilidades ganan valor
  • Qué tipos de trabajo se contraen
  • Qué nuevos perfiles emergen
  • Cómo nos adaptamos como individuos y como industria

Mientras sigamos atrapados en el meme del “ya pasó el 2025”, estamos discutiendo el síntoma, no el cambio real.

Y ese es el verdadero problema.

Compartir:

¿Te gustó este artículo? Apoya mi trabajo y ayúdame a seguir creando contenido.

Cómprame un café