El compromiso incómodo
Por qué aportar valor implica entender el propósito del negocio, cuestionar lo establecido y aceptar la incomodidad de pensar más allá de la ejecución
Hay una fábula sencilla que siempre me ha acompañado: la del sándwich de jamón y queso.
Una vaca y un cerdo deciden montar un restaurante para vender este sándwich. El cerdo duda. Su argumento es simple: la vaca solo está involucrada, mientras que él está comprometido.
Esta historia, tan simple como cruda, refleja mejor de lo que parece muchas dinámicas dentro de las empresas.
Involucrados vs comprometidos
En casi todos los equipos existen personas involucradas. Cumplen con lo que se les pide. Ejecutan tareas. Siguen instrucciones. Entregan lo mínimo necesario para que nada se detenga. No hacen nada mal, pero tampoco hacen mucho más.
La involucración es cómoda. No exige contexto, ni entendimiento profundo, ni responsabilidad real sobre el impacto. Basta con completar la lista y pasar al siguiente pendiente.
El compromiso es otra cosa.
Comprometerse implica entender para qué existe el negocio, qué problema real intenta resolver y por qué eso importa. Implica dejar de ejecutar a ciegas y empezar a hacer preguntas. Preguntas incómodas. Preguntas que a veces no tienen respuestas claras.
Cuando el compromiso incomoda
Estar comprometido rara vez es bien recibido de buenas a primeras. Cuestionar procesos, decisiones o prioridades puede resultar incómodo incluso para la propia empresa. Más aún cuando sus líderes han perdido claridad sobre la razón de existir del negocio y se limitan a operar por inercia.
Desde fuera, el comprometido puede parecer problemático. No porque haga mal su trabajo, sino porque no se conforma con hacerlo sin sentido. No ejecuta solo lo que se le pide, busca hacer lo que realmente se necesita.
Y eso incomoda.
Incomoda porque obliga a pensar. Porque expone contradicciones. Porque pone sobre la mesa conversaciones que muchos prefieren evitar.
Aportar valor no es ejecutar más
Uno de los errores más comunes es confundir compromiso con sacrificio o sobreesfuerzo. Aportar valor no es trabajar más horas ni decir que sí a todo. Es alinear las acciones con el propósito del negocio y reducir fricción donde realmente importa.
El valor aparece cuando alguien entiende el impacto de lo que construye, decide con criterio y asume responsabilidad por las consecuencias. No cuando simplemente cumple instrucciones.
Colaborar desde el compromiso
Desde la posición del compromiso se colabora mejor. Se aporta contexto, se anticipan riesgos, se cuida el fondo del negocio incluso cuando no es popular hacerlo. Se actúa como alguien que forma parte de algo más grande que una tarea o un rol.
Esto no siempre es recompensado. A veces es ignorado. Otras veces, directamente rechazado.
Aun así, para quienes eligen esta postura, no suele haber alternativa real.
O todo, o nada
No todos quieren, ni deben, estar del lado del cerdo. Y está bien. Pero quien elige ese lugar sabe que no hay medias tintas.
En lo personal, no encuentro otra forma de trabajar. O me comprometo de verdad con lo que hago, con el propósito y con el impacto, o prefiero hacerme a un lado. No por falta de lealtad, sino por coherencia.
Porque cuando el trabajo pierde sentido, ya no es trabajo. Es solo ejecución.
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