El Email: Lastre de la productividad
24 de mayo de 2024

El Email: Lastre de la productividad

Cómo una herramienta revolucionaria se convirtió en una maldición

Por Asdrúbal Chirinos

En sus inicios, el correo electrónico fue toda una revolución para la comunicación. Pero tres décadas después, esa herramienta pionera del internet se ha convertido en un lastre tecnológico.

Confesión incómoda

Les seré sinceros, ¡Odio al Email!

Su principal problema es que este no fue diseñado ni para el internet ni el mundo actual, ni para el volumen, velocidad e inmediatez que hoy se demanda. Los hilos de respuestas se convierten en un caos imposible de seguir. Mensajes cruciales se pierden y nos ahogamos en un mar de correos triviales y sin importancia.

Un caso típico

Un ejemplo claro son las discusiones por email para programar reuniones con múltiples participantes. Los infinitos “responder a todos” ocasionan costosos retrasos, sólo para cuadrar una fecha y hora. Al final, se pierde el objetivo entre tanto correo acumulado.

Soluciones parciales

Se han intentado diversas soluciones sin lograr desbancar por completo al antiguo correo electrónico. Herramientas como Slack organizan mejor las conversaciones en canales, pero aún les falta integración sólida con documentos colaborativos y gestión de tareas. Microsoft Teams avanza en este frente al combinar chats con las herramientas ofimáticas.

Plataformas como Notion o Asana apuntan a un enfoque más centrado en espacios de trabajo compartidos con comunicación contextual en torno a contenidos y actividades. Aunque ninguna, en mi opinión, cubre perfectamente las necesidades de flujos ágiles de discusión, archivos integrados y seguimiento transparente de tareas.

La solución integral

A pesar de estos intentos valiosos, sigue faltando una solución integral. Lo que urge son plataformas verdaderamente nuevas, diseñadas desde cero para los procesos de trabajo modernos. Con hilos de conversación visualmente claros, que distingan rápido el contexto y las respuestas. Incorporando documentos y contenidos de forma nativa. Permitiendo etiquetar y asignar actividades con responsables y fechas límite. Una experiencia centrada en acción y seguimiento, no sólo mensajería caótica.

La IA al rescate

La inteligencia artificial podría ser clave para lograrlo. Por ejemplo, asistentes virtuales que analicen hilos de conversación y extraigan tareas pendientes de forma proactiva. O sistemas que sugieran automáticamente los mejores destinatarios y flujos para encaminar cada comunicación. Tecnologías de procesamiento de lenguaje natural podrían clasificar y priorizar mensajes según su urgencia e importancia. Incluso podríamos ver capacidades de escritura automática de respuestas básicas utilizando IA generativa.


El email cumplió su propósito, pero es tiempo de dar el siguiente paso. Necesitamos plataformas de colaboración y comunicación aptas para el siglo XXI, que dejen atrás las frustraciones de ese antiguo lastre. Un futuro sin el caos del correo electrónico está al alcance si aprovechamos las herramientas y avances tecnológicos disponibles.

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