El valor de lo efímero
Cuando producir código deja de ser escaso, el valor cambia de lugar. Una reflexión sobre código efímero, Personal Software y la nueva economía del impacto.
Existe una confusión común al hablar de software generado por agentes: asumir que si el costo de producir código tiende a cero, su valor también lo hace.
Pero el valor nunca estuvo en el código. El valor siempre estuvo en el problema resuelto.
Confundimos costo de producción con valor económico. Que algo sea abundante no lo convierte en irrelevante. Lo que importa es si elimina fricción, si ahorra tiempo, si desbloquea una acción que antes no ocurría.
Que el software sea efímero no lo hace trivial. Lo hace específico. Lo hace oportuno. Lo hace suficiente.
Permanencia vs Pertinencia
Cuando hablo de código efímero no me refiero a código mal hecho ni improvisado. Me refiero a código que nace para resolver una necesidad puntual y finita, que no está diseñado para escalar indefinidamente ni convertirse en plataforma.
Es el tipo de código que suele vivir dentro del Personal Software: herramientas creadas para aliviar una fricción concreta, cumplir una tarea específica y desaparecer o regenerarse cuando el contexto cambia.
Su naturaleza no es la permanencia. Es la pertinencia.
Como los platos y vasos desechables en una fiesta. No están diseñados para durar, pero eso no los hace gratuitos ni insignificantes. Tienen valor porque resuelven un problema real: permiten que el evento ocurra sin fricción. Nadie los compra por su permanencia. Los compra por su utilidad.
El código efímero opera bajo la misma lógica. Su valor no está en cuánto dura, sino en lo que permite hacer mientras existe.
En este nuevo contexto, el código se vuelve abundante. Pero la capacidad de identificar un problema, entenderlo con claridad y resolverlo de forma intencional sigue siendo escasa.
Y ahí es donde vive el verdadero valor.
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