Hay público para todo, pero no todos son tu público
17 de noviembre de 2025

Hay público para todo, pero no todos son tu público

Cuando entiendes por qué haces lo que haces, descubres que no todos son tu público y que está bien elegir a quién servimos.

Por Asdrúbal Chirinos

Imagina que un cliente te ofrece un proyecto grande, estable y muy bien pagado. Suena como una oportunidad difícil de rechazar. Pero hay un detalle. Ese proyecto entra en conflicto directo con tus valores. Lo miras, respiras hondo y dices que no. No porque no puedas hacerlo, sino porque no quieres hacerlo.

Pero para entender por qué una decisión así tiene sentido, vale la pena ver el cuadro completo.


El mercado es amplio, pero tu audiencia debe ser específica

Vivo en México desde hace años y lo uso como referencia porque es uno de los mercados más grandes y diversos de Latinoamérica. Esa diversidad se nota en los gustos, en los presupuestos, en las preferencias y en las necesidades. Siempre habrá público para casi cualquier cosa que puedas imaginar.

Pero esa amplitud puede engañar. Puede hacerte creer que mientras más personas intentes alcanzar, más crecerás. En realidad ocurre lo contrario.

Cuando intentas hablarle a todos, tu mensaje pierde fuerza. La claridad aparece cuando defines a quién puedes ayudar mejor. Entre más específico seas, más fácil es atraer a quienes realmente valoran tu trabajo.


Segmentación: define tu nicho

Segmentar no es un lujo reservado para grandes empresas. Es una herramienta de enfoque para cualquier freelancer, emprendedor o profesional independiente. Significa identificar a ese grupo de personas que comparte un problema concreto y para quienes tu solución tiene sentido real.

Si tratas de complacer a todos, tu propuesta se diluye. Si eliges un nicho, tu mensaje se vuelve más directo. Ganas relevancia. Hablas con precisión. Eres útil.

Para encontrar ese nicho, vale la pena responder tres preguntas esenciales:

  1. ¿A quién le resuelvo mejor un problema real?

  2. ¿Qué problema específico soluciono?

  3. ¿Qué hace distinta mi forma de hacerlo?

Cuando estas respuestas están claras, tu voz se afina y tu presencia se vuelve más auténtica.


El propósito como brújula: el por qué de tu negocio

Simon Sinek plantea que debemos empezar por el por qué. No como un ejercicio teórico, sino como una guía práctica. Tu propósito es el hilo conductor que organiza tus decisiones y tus límites. También determina el tipo de relaciones profesionales que estás dispuesto a construir.

Cuando sabes por qué haces lo que haces, te resulta más fácil identificar a los clientes que encajan contigo y a los que no. Tu propósito se convierte en un filtro natural. Te protege del ruido, del desgaste y de las oportunidades que parecen buenas, pero no lo son para ti.

Tu público ideal no es solo quien puede pagar, sino quien respeta y comprende el espíritu detrás de tu trabajo.


Tú también eliges a tus clientes

Y aquí es donde volvemos al principio.

Existe la idea equivocada de que el cliente siempre decide. Que mientras pague, tú debes aceptar. Pero trabajar así te empuja a proyectos que desgastan, contradicen tus valores y te alejan de lo que realmente quieres construir.

Como desarrollador especializado en WordPress, podría trabajar con muchos tipos de negocios. Pero si una empresa que promueve algo con lo que estoy en desacuerdo me solicita un sitio, la respuesta sería no. Un ejemplo hipotético, aunque basado en un valor personal real: si alguien me pidiera desarrollar un sitio para una plaza de toros, aun con actualizaciones constantes y buenos ingresos recurrentes, diría que no. Mi oposición a la tauromaquia es firme y no quiero que mi trabajo contribuya a algo que rechazo.

Ese tipo de límites no son caprichos. Son declaraciones. Eliges a tus clientes porque eliges el tipo de impacto que quieres tener.


El precio comunica tu valor

El precio no es solo una cifra. Es un mensaje sobre el valor real de tu trabajo. Si tu solución resuelve un problema importante, tu precio debe ser coherente con ese valor. Cuando un producto baja drásticamente de precio sin ninguna razón auténtica, la confianza se rompe.

Esto se ve mucho en los webinars gratuitos donde un programa se presenta como algo que “cuesta miles”, pero al final lo dejan en una fracción del precio sin una justificación real. No importa si quien lo ofrece es un nombre grande. Si un producto que supuestamente vale mil se vende en cien sin motivo, entonces ese no era su valor. Para mí, en ese instante deja de valer mil, deja de valer cien y pasa a valer cero.

Las marcas serias no hacen esto. No verás a Apple anunciar un producto a mil dólares y luego dejarlo en cien por impulso. La coherencia en el precio comunica respeto por lo que ofreces y atrae a clientes que valoran tu trabajo por lo que realmente es, no por una oferta disfrazada de urgencia.


Cierre: coherencia entre propósito, público y valor

Un negocio sano no se construye tratando de venderle a cualquiera. Se construye con intención. Se construye cuando eliges a quién quieres servir, cuando entiendes por qué lo haces y cuando mantienes un precio que respalda el valor real que entregas.

Cuando alineas propósito, público y valor, tus decisiones cambian. Tu comunicación cambia. Tu energía cambia. Empiezas a trabajar con personas que respetan tu forma de ver el mundo y que valoran lo que haces.

El mercado es amplio. Sí. Hay público para casi todo. La pregunta importante no es esa.

La pregunta es: ¿A quién quieres servir tú y por qué?

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