La sexta etapa del duelo
Cuando escribir código deja de definirnos
Durante años, muchos desarrolladores construimos nuestra identidad alrededor del código. No solo era nuestro trabajo. Era parte de lo que éramos. Disfrutábamos escribirlo, entenderlo, mejorarlo. Había un placer intelectual en convertir ideas en instrucciones.
Y ahora estamos delegando buena parte de ese trabajo a la inteligencia artificial.
No debería sorprendernos que muchos lo vivan como una pérdida.
Si miramos las reacciones de la comunidad, reconocemos algo parecido a las cinco etapas del duelo de Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Están quienes niegan que la IA pueda escribir buen código. Quienes rechazan usarla. Quienes negocian qué partes del desarrollo deben seguir siendo humanas. Y quienes sienten que años de aprendizaje se han ido por el drenaje.
Claro, no todos pasamos por estas etapas, ni en ese orden. Pero la analogía ayuda a entender por qué un cambio tecnológico está provocando reacciones tan personales.
No estamos discutiendo solamente cómo escribir software. Estamos cuestionando una parte de nuestra identidad.
Y esto me toca muy de cerca. Basta con mirar el nombre de este blog: Código Ergo Sum. Una referencia al cogito ergo sum de Descartes («pienso, luego existo»), pero sustituyendo el pensamiento por el código. Difícil identificarme de forma más explícita con lo que hago.
Así que entiendo lo que significa sentir que perdemos algo. Yo también disfruto escribir código. Y por mucho que me convenza de que siempre fue una herramienta, una parte de mí sigue queriendo sentarse frente al editor a programar.
También entiendo que las cosas están cambiando.
Podemos aceptar que escribir código nunca fue el objetivo final. Que siempre fue una herramienta para resolver problemas. Que la IA está transformando nuestra profesión, y aferrarnos a cómo trabajábamos no va a detener ese cambio.
Pero aceptar todo eso no significa que haya dejado de gustarnos programar. Ni que debamos renunciar a hacerlo.
La aceptación es un gran paso. Pero ¿por qué detenernos ahí?
David Kessler, coautor de Kübler-Ross, ya propuso una sexta etapa: encontrarle sentido. Yo me atrevo a llamarla Acción, porque el sentido se encuentra haciendo.
Dejar de discutir si la IA debería escribir código. Empezar a descubrir qué podemos hacer ahora que puede efectivamente puede hacerlo.
Explorar, experimentar, aprender. Resolver problemas que antes no podíamos. Y, por qué no, seguir escribiendo código simplemente porque nos gusta.
No se trata de abandonar lo que fuimos. Se trata de decidir qué hacer con lo que ahora somos capaces de hacer.
Porque aceptar es reconocer la realidad. Actuar es decidir qué hacer con ella.