¿Para qué aprender a sumar?
Por qué aprender a programar importa incluso cuando la IA escribe el código por nosotros.
¿Para qué aprender a sumar si existen calculadoras?
Suena a pregunta absurda. Nadie en su sano juicio dejaría de enseñar a un niño a sumar solo porque hay dispositivos capaces de hacerlo más rápido. Pero al mismo tiempo, tampoco nadie en su sano juicio resolvería miles de operaciones a mano. Para eso existen calculadoras, hojas de cálculo y supercomputadoras.
Vivimos sin conflicto con esa paradoja. Sabemos sumar, aunque casi nunca sumamos sin ayuda. Entendemos el concepto, lo aplicamos, lo explicamos y dejamos que las máquinas hagan el trabajo pesado.
La calculadora no eliminó las matemáticas
Desde la calculadora de bolsillo hasta el Excel que procesa tablas con miles de filas, pasando por sistemas completos de contabilidad, nóminas, inventarios o el software que ayuda a lanzar cohetes, dependemos de herramientas que hacen operaciones imposibles de resolver manualmente. Sin embargo, nunca dejamos de enseñar matemáticas. El hecho de saber cómo funciona una suma o una derivada no es una carga, es una ventaja. Nos permite razonar, validar y comunicar.
Aprender matemáticas no es aprender a hacer operaciones rápidas. Es aprender a pensar.
En programación está ocurriendo lo mismo
Hoy surge la pregunta moderna: para qué aprender a programar si la inteligencia artificial escribirá la mayoría del código. Y la respuesta es la misma que con la suma.
Los agentes generadores de código están diseñados para manejar el volumen. Nos ayudan a escribir más rápido, a validar ideas, a iterar con agilidad y a explorar soluciones que antes tomaban días. Cumplen el papel de la calculadora. Pero eso no elimina el valor del conocimiento fundamental.
¿Necesitamos saber programar para verificar cada línea que produce la IA? En esta etapa temprana, sí. Igual que alguna vez verificamos que la función de suma de Excel devolviera el resultado correcto. Con el tiempo, esa necesidad se hará más tenue, pero eso no significa que debamos renunciar al aprendizaje.
No dejamos de aprender a sumar, aunque confiemos en Excel. No deberíamos dejar de aprender a programar, aunque confiemos en agentes que generan código.
La verdadera razón para aprender a programar
Saber programar no es solo escribir código. Es entender cómo se estructura un problema, cómo se modela un proceso, cómo se piensa una solución. Es poder explicar qué ocurre detrás de la pantalla. Es saber conversar con la máquina en su propio lenguaje conceptual, incluso si ya no tecleamos cada instrucción.
Así como el álgebra, el cálculo y la lógica siguen siendo esenciales a pesar de contar con computadoras capaces de resolver en segundos lo que antes tomaba horas o hasta días, la programación seguirá siendo necesaria. No por romanticismo técnico, sino porque moldea nuestra manera de pensar.
La IA nos quitará la carga manual, pero no el pensamiento.
Y aprender a pensar seguirá siendo irremplazable.
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