Resultados, no minutos
La ilusión de controlar lo que no sabemos medir.
Cuando una empresa no sabe medir resultados, termina midiendo minutos.
Nunca imaginé que una simple respuesta a un tweet conectaría con tantas personas. Era apenas una reflexión sobre esa vieja costumbre de algunas empresas de controlar los horarios de sus colaboradores como si la productividad pudiera medirse con un reloj.
Pero la reacción me hizo pensar que quizás había tocado un problema mucho más extendido de lo que imaginaba.
Y es que resulta mucho más fácil controlar a qué hora llega un colaborador, cuánto tarda en almorzar o cuántos minutos después de las nueve se conecta, que definir objetivos claros y evaluar si realmente se cumplen.
Lo fácil de medir no siempre es lo que importa.
La ilusión del control
Durante la Revolución Industrial, medir el tiempo tenía mucho sentido. En una línea de ensamblaje, la presencia de cada trabajador era necesaria para mantener la producción.
Y sigue siendo así en muchos trabajos. Una tienda necesita vendedores durante su horario de atención. Un hospital necesita personal para cubrir sus turnos.
Pero pretender aplicar esa misma lógica a todo trabajo es confundir presencia con productividad.
Si un profesional puede resolver en dos horas un problema que a otro le tomaría dos días. ¿Quién es más productivo? ¿El que termina antes o el que acumula más horas frente a la computadora?
Lo que realmente cuesta medir
Medir resultados es más difícil que instalar un reloj de asistencia. Hay que definir qué esperamos conseguir, establecer criterios para evaluar el trabajo y, sobre todo, entender qué significa generar valor.
Porque completar tareas no siempre es alcanzar objetivos, y estar ocupado no es ser productivo.
Esa tarea no recae únicamente en el colaborador. También corresponde a quienes dirigen los equipos.
El problema no son los minutos
No se trata de eliminar los horarios ni de asumir que todas las personas pueden trabajar cuando quieran.
Se trata de reconocer que cumplir un horario y producir resultados son dos cosas distintas.
Un horario puede ser una necesidad operativa. No debería ser nuestro principal indicador de productividad.
Porque si necesitas vigilar minuto a minuto a tus colaboradores para saber si están trabajando, quizás el problema no sea cómo administran ellos su tiempo, sino cómo administras tú la empresa.